D Disfruta

¿Enemigos del vino: la lechuga?

por / 02 Jun 2015

Mitología de la lechuga

En la antigüedad la lechuga era considerada como un alimento nefasto, se consumía en comidas funerarias, especialmente en recuerdo de la muerte de Adonis, hijo de Mirra, a quien la diosa Afrodita  había escondido bajo una hojas de lechuga,  donde un jabalí lo hirió de muerte

En los cuentos de los hermanos Grimm, Kraustesel come una lechuga que lo convierte en asno. Otro relato es la leyenda de Jacobo de Vorágine,  cuenta como aparece un demonio entre las hojas de lechuga. Según el libro atribuido a Alberto Magno De secretis mulierum, por una lechuga se podía averiguar si una muchacha era todavía virgen. Otros relatos de los Apotelesmata (Frankfurt, 1577), afirmaban que la lechuga impedía tener hijos sanos y sabios.

Lechuga entre filósofos

En contra parte el filósofo Pitágoras se alimentaba perfectamente de lechugas, el médico Apuleyo afirmaba que puesta una hoja de lechuga bajo la almohada de un enfermo con fiebre severa, lo curaría. También fue recomendada como una poderosa medicina y en la actualidad la favorecemos como remedio para los que sufren de insomnio.

Hoy en día ninguna idea nefasta prevalece ante este rico y fresco alimento, lo único negativo que podemos escuchar  es su dificultad para armonizarla con el vino.

La lechuga y sus sensaciones gustativas

Esto tiene un fundamento sensorial, recordemos que la lechuga en todas sus variantes, juega con distintos niveles de amargo. Esta sensación es la última en aparecer en nuestro espectro de sensaciones gustativas y la más prolongada en desaparecer. Con ella viene una sensación de sequedad en la boca. Arugula, Endivias, Francesa, Batavia, Escarola, lechuga de hoja de Roble Roja, son las que más amargor presentan,  mientras que en la lechuga Mantequilla, Romana y las variedades “babies”, es casi imperceptible.

Lechuga y vino: ¿enemigos?

Los vinos tintos que contienen altas cantidades de taninos, provocan en boca una sensación de amargo y astringencia que se suman a los de las lechugas, volviendo la experiencia de maridaje muy difícil ya que rápidamente satura el paladar.

Otro punto importante a mencionar es la forma en la que aderezamos nuestras ensaladas, el vinagre es un enemigo potencial del vino, por lo que si vamos a combinar vino y ensalada la sugerencia será aderezar con jugo de limón.

Los vinos blancos, en los que predomina la acidez, son más aptos para armonizar con ensaladas de lechuga y otros vegetales.

Todo maridaje o armonización son posibles, sólo es necesario conocer a exactitud las sensaciones que causan los ingredientes que utilizamos en nuestras recetas y que nos provoca el platillo terminado. Recordar que el vino nos debería de invitar después de cada trago a comer otro bocado.

Ensaladas frescas de lechugas, combinadas y alineadas con aderezos cítricos acompañados de una copa de vino blanco o un espumoso, son ideales para refrescar a nuestro cuerpo en esta temporada de calor.

DO Urbano es una editorial dedicada a la generación de contenidos gastronómicos, imágenes y a la difusión de la cultura del buen vivir.