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Los Mitos del Brindis: ¡Salud!

por / 17 Ago 2016

¡Salud!!

Por María José Castañeda

Varios son los mitos que rodean la tradición de brindar, algunas historias cuentan que en la Edad de Bronce, cuando las copas eran de metal, los reyes chocaban con fuerza sus copas, para que el vino dentro de ellas salpicara las demás y así si poder confiar en que la bebida no estaba envenenada.

Un buen mito, pero no se acerca en nada a la realidad del brindis y su expresión típica: ¡Salud!

¿Con qué fuerza se tendrían que chocar las copas para poder intercambiar una generosa cantidad de vino? Mucha fuerza y sin ningún objetivo.

Pero hablando de venenos, ahí tenemos también una historia muy interesante. Los venenos existen a la par de la historia humana, más de 4500 años elaborando pócimas de plantas y otras fuentes vegetales.

Los venenos  también han contribuido a la ciencia médica, a la toxicología, a la tecnología de pesticidas, desinfectantes y conservadores, logrando extraer medicamentos y otros remedios para beneficio humano.

El origen de los venenos.

Los venenos se utilizaban y se siguen utilizando en algunas partes de África, América Latina y Asia para la caza de animales, procurando una muerte más rápida y una caza más eficiente. También han servido como protección en el combate de los enemigos. Se sabe por los hallazgos arqueológicos que el hombre primitivo conocía distintas intensidades de venenos, estos secretos eran celosamente guardados por los jefes de las tribus y/o los clanes, lo que les permitía mantener un gran poder sobre los demás y que posteriormente tomaron el título de curanderos o brujos.

enemigos del vino1

La obsesión griega por el veneno.

Entre los griegos se conoce la historia del rey Mithridate VI “El Grande” (114 A.C. 63 D.C.) quien vivía con el terror de ser envenenado, su poder como Rey le permitió experimentar con varias plantas venenosas y sus remedios sobre esclavos condenados a muerte, incluso se dice que el rey ingería diariamente pequeñas cantidades de venenos para volverse inmune. Este Rey logro encontrar una panacea que llamo Mithridate, capaz de contrarrestar el efecto mortal de muchos venenos. La  fórmula de este antídoto se revelo años después y se tradujo al latín por los romanos.

India, estudios profundos del envenenamiento.

India logró un conocimiento profundo del veneno como arma, ya desde el 350 A.C. muchos son los escritos que describen las plantas usadas en las guerras, pero son los conocimientos aportados de Sushruta, el cirujano indio, al Tratado de textos originarios colectivos de la sabiduría Ayurvedica, donde se describen los estados prolongados al envenenamiento y sus distintos remedios.

Egipto, donde los venenos se refinan.

Los egipcios ya dominaban los venenos, en el 300 A.C., El faraón Ménès experimentaba con plantas venenosas y tóxicas, se dice que los egipcios fueron los primeros en dominar el arte de la destilación y en descubrir y utilizar el arsénico, descrito como “el veneno de fuego”.  La muerte de Cleopatra es incierta, algunos dicen que fue tras la mordedura de una serpiente, otros historiadores dicen que fue con veneno.

 Roma, veneno cotidiano.

Pero no es hasta el Imperio Romano, que el veneno se emplea para usos específicos de asesinatos. Desde el 331 A.C. el envenenamiento en los banquetes, sobre todo los de la realeza, se volvió un acto muy común, las bebidas alcohólicas, eran las predilectas para disolver los venenos. El Emperador Nerón es conocido por sus estrategias para envenenar hasta sus más cercanos, el Cianuro era su veneno favorito, e incluso se dice que con el nació la profesión de los envenenadores.  Hongos y hierbas eran utilizadas también en estos casos.

La epidemia del envenenamiento

En la Europa de Medioevo, el arte del envenenamiento se sofisticó, cómo olvidar la película de 1994, La Reina Margot, del director francés Patrice Chéreau, donde la madre de los Delfines, Catalina de Medicis, es descrita como la mujer más temida y la más terrible, ya que ella llevo el arte del envenenamiento a su máxima sofisticación, untado en vestidos primorosos que regalaba a las mujeres que detestaba, maquillajes envenenados  y barnizar las hojas de los libros para los interesados hombres.

Los venenos se convirtieron en un producto de necesidad, por lo que en las ciudades medievales, se abrieron pequeñas tiendas, llamadas Boticas donde se vendía tanto el veneno como el remedio. Los boticarios ocuparon un lugar fundamental ya que a la par de brujas y hechiceros eran buscados por sus conocimientos en la herbolaria y sus poderes.

Los Cuentos de Canterbury por  Geoffrey Chaucer y los escritos de Shakespeare, todos ellos narran escenas donde los venenos son las pócimas que desencadenan o dan fin a una complicada situación.

En 1424 se publica por primera vez “El libro de los venenos”, por Magister Santes de Ardoynis, un compendio de venenos usos y efectos, sus plantas, sus hongos descritos de una forma comprensible. Un libro que subsistió hasta nuestros tiempos gracias a algunos grupos de literatos que resguardaron sus páginas para la posteridad.

En esta época todos envenenaban a todos, una “epidemia por envenenar” que se propago en toda Europa y Asia.

Fue una época de mucha ansiedad entre la población, la neurosis de poder ser envenenado fue una sensación histérica de la época, sumando a esto la ignorancia, los charlatanes lucraban con  amuletos que a según, librarían a cualquiera de los efectos de cualquier veneno.

Los árabes fueron quienes refinaron las sustancias venenosas, logrando elaborar arsénicos inoloros e incoloros, haciendo casi imposible detectar  las tentativas de asesinato. El medico persa nacido en Irán, Rhazes conocido también como filósofo y  sabio, conocido como el primer hombre que destilo alcohol,  autor de “El secreto de los secretos”, hace una detallada descripción de plantas, minerales y compuestos químicos en una lista interminable, sus estudios logran encontrar el uso correcto de muchas plantas para uso medicinal y curativo.

Catalina de Médici

Catalina de Médici

Renacimiento, una era de venenos.

La máxima sofisticación del envenenamiento llega con la era de la luz, los criminales que asesinan con estas pócimas llegan a ser tan sutiles y específicos que su trabajo es prácticamente invisible.  A la par, nace la ciencia de la Toxicología, rama especializada en los estudios de la toxicidad de las plantas para su conocimiento profundo y sus buenas aplicaciones.

Sin embargo la paranoia de asistir a un banquete o una cena, prevalecía, sobre todo aquellos que debían sentarse en la mesa con alguno de los miembros de la Familia Borgia, conocidos por su fascinación por el uso de la Cantarella y el arsénico, el escritor Apollinaire tiene varios textos describiendo a los Borgia y los venenos que utilizaban. En el siglo XVI, envenenar se convierte en una especie de arte, por lo que en ciudades como Roma y Venecia, se abrieron escuelas que enseñaban este arte y sus métodos. Se conoce que un grupo de alquimistas y envenenadores se reunían para compartir sus experiencias y conocimientos sobre las sustancias letales, a este grupo se le llamaba “El Consejo de los Diez”. 

Francia y la policía de los venenos.

Es hasta la llegada del Rey Sol, Louis XIV, que la venta y el uso de venenos empieza a ser limitado, las Boticas empiezan a cerrar sus puertas con la voluntad de que la histeria social empezará a relajarse, acto necesario ya que se calcula que tan sólo en Paris había más de 30 000 habitantes intoxicados en años anteriores, cuando envenenar era un acto de todos los días. Incluso los Padres que tomaban la confesión en la Catedral de Nôtre Dame de Paris, decidieron avisar al Rey acerca de todos los actos de asesinato por envenenamiento, lo que derivó en una orden creada específicamente para perseguir este delito: “La recamara ardiente”, esta orden arresto y condeno poco más de 442 personas. Hubo un efecto colateral, la Recamara Ardiente, fue para algunos trastornados, un incentivo para refinar el arte del asesinato con veneno, en un acto todavía más perverso y calculado.

Reyes, Papas y otros nobles contaban con catadores de comida, personas dedicadas a probar la comida de estos nobles antes de que la ingirieran sus amos, para prevenir un ataque contra ellos, dando su vida por ellos, evitando su muerte.

El detective Sherlock Holmes, era un hombre de ciencias, un hombre estudiado, y uno de sus profundos conocimientos estaba dedicado a los venenos utilizados, sabía con exactitud cada uno de los síntomas que provocaban, donde se podían hallar los ingredientes y quienes los elaboraban, herramientas básicas para resolver algunos de sus casos más famosos.

Se dice que Adolf Hitler y su esposa Eva Braun tomaron una píldora de cianuro antes de tener que entregarse a los hombres de la Resistencia.

Y a todo esto, ¿por qué decimos “Salud” cuando brindamos? Pues por una razón todavía más obvia e inocente, al levantar las copas, las estamos levantando hacia Dios o los Dioses, para que vean que los estamos alabando, chocamos las copas, para que este sonido llame la atención de los Dioses y decimos Salud, como expresión de agradecimiento, por las buenas cosechas, por tener los alimentos en la mesa y agradecer que estos sean abundantes y permitan alimentar a nuestra gente. Una alimentación que nos permite seguir con vida y nos permite tener una buena salud.

Así que enhorabuena, ¡Salud!

Fotografías: María José Castañeda y Mariana Barreiro/Estudio D.O.Urbano

DO Urbano es una editorial dedicada a la generación de contenidos gastronómicos, imágenes y a la difusión de la cultura del buen vivir.